Revista Internacional de Poesía : "Poesía de Rosario" Nº 23
  Eduardo Dalter
 



Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Publicó numerosos libros de poemas y de estudios, en el país y en el extranjero; entre otros, su antología poética “Hojas de ruta” (2005). Impartió seminarios de poesía continental en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y hacia mediados de 2013 dio charlas y lecturas en colegios y en otras instituciones a lo largo de la geografía italiana. Reside al sur de su ciudad natal.


5 poemas del libro de próxima aparición: PAPELES EN LA NOCHE Y OTROS POEMAS (Buenos Aires, 2012 – 2013)


EL HOMBRE DE BOLSO AL HOMBRO


El hombre de bolso al hombro que va
       en el estribo,
agarrado como puede, y ve pasar las 
       vías
velozmente, con sólo abrir su mano
       llegaría
no a la próxima estación sino al otro
       mundo,
el mundo ciego que lo mira, en la
       mañana
temprano, casi noche, y en la tarde.
       Pero
él sigue, y el país sigue, en el férreo
       estribo
de estos años, entre señales y señales,
       soberbias
y soberbias, canciones y canciones,
       esperando
que no llueva ni truene, y en llegar a
        la estación,
aunque con una tristeza que, a fuerza
       de sola costumbre,
ya es casi una alegría que merece un
       festejo.

 
FURGÓN DE CARGA


En el oscuro furgón de carga,
       repleto
de bicicletas viejas y triciclos,
       viajan
los cansados y los desolados 
       del tren.
Hablan a media lengua, en 
       un lunfardo
duro, en voz alta, mientras 
       sube 
un espeso olor a yerba, que 
       comparten.
Pero en el fondo, reina el
       vacío,
que el país de estos años
       inventó.
Hay momentos en que crece
       el silencio,
que se hace de piedra en los
       rostros,
mientras las estaciones van
       pasando,
y es como si todos dijeran
       algo
íntimo y muy triste a la vez,
       que nadie escucha.


EL VENDEDOR DE CIDÍS


El vendedor de cidís (o compact
       disc,
como antes se decía) subió en la
       estación
Hospital Español, con su módico
       equipito
de sonido y con su surtido breve
       de música amorosa.
Y mientras el viejo tren avanzaba
entre basurales, rancherías y 
       campo abierto,
él también avanzaba y le subía el 
       volumen
a esos temas de amores furtivos 
       e increíbles.
Dos pasajeros que estaban cerca
       de la puerta,
uno con una bicicleta oxidada y
       una gorra, 
y otro enfundado en un poncho
       devastado,
escuchaban felices y lo llamaron
       con chistidos
cuando los vagones iban dejando
       los baldíos
que una muchacha sentada veía                  
       pasar                                                          
mientras movía graciosamente                
       la cabeza,                                                   
como si estuviera enamorada o
       algo así,
o como si un poema encantado
       estuviera comenzando.


EN VILLA ELVIRA

En Villa Elvira, el agua torrencial
       que bajaba
para comerse todo, sólo se podía
        llevar
maderas viejas, chapas oxidadas,
        bolsas
plásticas amontonadas; algún
        colchón
maloliente, una mesa plástica, 
        algún catre
y a los tres viejos perros de la 
       cuadra;
no más; porque eso era todo, 
       además 
de todas las lágrimas del barrio.


POSTAL


Resuena la música
       desde el galpón
de chapas, que luce
       su cartel
iluminado por dos
       luces
mortecinas, en la
       esquina
donde se juntan las
       dos zanjas,
una que llega al
       espeso
riachuelo y la otra
       que se pierde
entre baldíos. Aún
       no llegó
nadie, excepto esos
       perros
que están ahí como
       esperando
a alguien, o que
       comience
el festival bailable,
       que por aquí,
se ve, tiene ese
       telón
de fondo, mientras
       los colectivos
pasan raudos y
       semivacíos
por donde un día,
       acaso,
entrará con su viento
       el futuro.

 
 
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